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Muchas páginas web y programas especializados ofrecen a los usuarios de todo el mundo la posibilidad de adquirir sus canciones favoritas en un formato digital comprimido (MP3) mediante la descarga gratuita o libre distribución a través de Internet. Esto ha conllevado a problemas legales y morales sobre los derechos de autor. Recordemos los sonados casos de Napster y AudioGalaxy, los cuales permitían descargar archivos musicales mediante una transferencia a través de una red par a par (P2P). En noviembre del 2007, En noviembre de 1997, la No Electronic Theft aprobó la ley que tipifica como delito las descargas ilegales, incluso en casos en que no exista el lucro. Desde entonces, la RIAA (Industria de Grabaciones Asociada de América) ha tratado de perseguir agresivamente muchas personas declaradas culpables de intercambio de archivos. Los programas Par a Par (P2P) permiten a los usuarios conectarse entre sí en la creación de una red de cientos de miles de participantes. Usando el software de siempre, los usuarios buscan las canciones de su elección y realizan la descarga a voluntad. Cuando se descarga una canción, el usuario está “bajando” el archivo desde otros usuarios, y no desde una compañía que provee la canción. Mientras mayor sea el número de usuarios suministrando la canción, más rápida será la descarga. Dado que este método permite a los usuarios descargarse cualquier cosa que otros usuarios están compartiendo, es una forma altamente efectiva de ampliar las colecciones de música de forma gratuita.
La industria discográfica se vio directamente afectada por este nuevo método de conseguir música gratuita. ¿Por qué pagar $10, $15 o $20 dólares por un disco cuando podemos obtenerlo de manera gratuita? ¿Por qué invertir una suma de dinero cuando sólo nos gusta una canción de todo disco? Estas son algunas preguntas que se hacían los usuarios de descargas de música gratuita. Por otro lado, los artistas se vieron perjudicados por ello es que este método es sólo utilizado por aquellos que buscan exposición de su música. La gran mayoría de las canciones descargadas son propiedad de los artistas que no han acordado ofrecer su música legalmente protegidos de forma gratuita. El artista no recibe ninguna compensación económica por las descargas de música gratis, y muchos, si no la mayoría de los artistas y los sellos discográficos ven este hecho como una especie de robo virtual. Para compensar este suceso, actualmente las webs oficiales de bandas, solistas, y tiendas de música cuentan con un sistema que permite descargar parte de la canción, si nos gusta podemos comprarla a un precio bastante accesible sólo para ser escuchada a través de la computadora. En conclusión, el tema de descargas gratuita ha generado una disputa por ambas partes. ¿Quién tiene realmente la razón? ¿Todos los usuarios que bajamos música de Internet estamos cometiendo un delito? ¿Es justo que nos cobren precios exorbitantes tan sólo por los derechos de autor? Lo cierto es que cada descarga de una obra artística sin consentimiento del autor o de la compañía discográfica puede resultar en daños monetarios o hasta en el encarcelamiento. Si bien las redes de intercambio de archivos son libres, cada usuario es el que decide si desea pagar o no. |